martes, 29 de noviembre de 2011

Ojos en las sombras

Una noche oscura y tenebrosa, tan solo iluminada por la tenue luz de la luna, que rozaba su ventana mostrando así su rostro. Una joven de pelo oscuro y ojos claros, descansaba en su cama. La oscuridad apoderándose de la habitación excepto de su cara, que se veía clara por la luz de la luna. Las horas pasaban y la joven desvelada sin poder dormir. Con la mirada fija en el fondo de la habitación, en ese armario entreabierto que incitaba al miedo. Cuando por fin sus parpados comenzaron a caer lentamente cerrando así sus ojos, algo hizo que estos volvieran a abrirse, ahora mucho más que antes, quedando abiertos como platos, mientras palidecía y un sudor frio corría por su piel. Un sonido, eso era todo. Sería el aire, pensó ella. Nada era ese ruido, tan solo viento. Después de unos minutos observando la habitación sin ver ningún movimiento, volvió a cerrar los ojos ahora por completo. De nuevo ese sonido, ahora mucho más definido. Un susurro agudo y leve que pronunciaba su nombre. Esta vez tapó su rostro con las sabanas de seda, esperando no volver a escuchar ese susurro muerto.Dormida bajo sus sabanas, la volvió a despertar ese ruido. Un susurro aun más agudo aunque más leve. Asustada, con todo su cuerpo paralizado, intentó bajar la sabana, para ver la habitación. Esta estaba vacía. Nada ni nadie había en ella, o al menos eso creía. El susurro se repetía sin pausa, cada pocos segundos volvía a aparecer, sin poder evitarlo, sin poder pararlo. La joven con las manos tapando sus oídos, esperando así no escuchar, aquel susurro.La luz del alba aparecía. La habitación se iluminaba. El sonido ya cesaba de sonar y ella se incorporaba. Ya sin susurro alguno pero con miedo, miedo a lo incomprendido. Abrió la ventana y después corrió al armario. Ese entreabierto que la atemorizaba. Lo abrió de par en par ¿Qué encontró? Nada.Ya sin miedo alguno, pensando que todo era su imaginación, sin haber dormido nada, con ojeras en su mirada, abrió la puerta y salió de la habitación.La habitación ya sin persona alguna. Un reflejo de luz la iluminó por completo. La luz reflejada en el suelo, iluminaba toda su cama y debajo, unos ojos. Ojos grandes como puños y brillantes cual diamante. Ojos que atemorizaban, al mismísimo Satán. Los ojos de la muerte.